14 de junio de 2014

Te dije que te la contaría...

Y querías saberla. Me preguntaste cuál era ese momento, ese que no se cuenta a nadie, esa experiencia que casi siempre muere dentro de nosotros, oculta tras nuestra sonrisa cuando estamos a solas. Esa que no se comparte con el resto porque es demasiado difícil de explicar, demasiado complicada de resumir, demasiado compleja para ponerla en palabras. 

Te dije que te la contaría. Te hablaría de los momentos de locura cuando no pasaba el tiempo. De los pensamientos que giraban como lo hace una noria que no se para nunca. De cuando las dudas y el desconsuelo me acariciaban por la noche. De las veces que me miraba en el espejo imaginando cómo salir de allí, como si mi reflejo fuera a darme algún consejo. Del desgaste inevitable por convecerme de que aquello no era verdad, que era sólo un engaño, un timo de la vida. De las llamadas a deshora y la melancolía injustificada. De los latidos descompasados de mi corazón, que seguía el ritmo de un baile que nadie le había enseñado a bailar. 

Te dije que te la contaría. Te hablaría del deseo de vivir más vidas al mismo tiempo. De las ganas de quemar todas las teorías estipuladas por gente que no lo ha vivido y aun así lo cuenta. De un cristal que iba resquebrajándose hasta que estalló en mil pedazos. De las palabras que me quemaban el cerebro porque no podía decirlas. De saber que la vida es una, pero creerme inmortal al mismo tiempo. De las conversaciones donde lo que no se decía era lo más interesante de todo. De la batalla que libraba cada día para esquivar los recuerdos. Del vacío que me asfixiaba porque todo podría ser diferente. Del por qué sin respuesta y de las respuestas preparadas de la mano de la cobardía.

Lo sé. Te dije que te la contaría. Te dije que te hablaría de la historia de amor más bella de mi vida.

26 de abril de 2014

ACERCA DEL AMOR



Y quizás el amor sea así.

Hemos decidido que el torrente de emociones y felicidad inconmensurable al estar al lado de esa persona es la idea neta del amor. Hemos pensado que el corazón debe latir a un ritmo capaz de nublarnos la vista. Hemos establecido reglas que ninguno ha demostrado porque es inútil materializar lo que no lo es. Se establecen tantas creencias al respecto que el amor se ríe insensatamente de nosotros.


La mirada ardiente, la imaginación que vuela, el nerviosismo que nos descompone, los ojos que brillan y se pierden en el vacío... Eso pasa; A veces. Cada uno vive el amor a su manera. Después de unos años el amor se cambia de ropa. Se vuelve más clásico, en ocasiones es arriesgado, llamativo, discreto, elegante, impúdico... y a veces pasa hasta desapercibido.


Crece a nuestro lado y va llevándose todos los golpes, felicitaciones, besos y patadas. Por momentos se va de viaje -cansado- y en otros está al pie del cañón. Desaparece sin tan siquiera despedirse -altivo y maleducado- y nos deja indefensos frente al miedo del adiós. Lo vemos asomarse desde la esquina y le sonreímos para que no se aleje demasiado y se nos pega como una lapa y no nos quiere soltar de la mano.


Y, como sucede cuando se nos prohibe algo, las ganas de mirar hacia atrás son inmensas. Pensamos en el ayer, en el origen y no conseguimos nada. Somos tristes y melancólicas estatuas de sal que desean algo que ya no es. Es la respuesta que no queremos oír, la pregunta que no deberíamos hacer. Es saber cómo va a terminar la frase, el jersey que escogería o el perfume que ya no usa. Es un lento caminar hacia el callejón donde, aun estando tan perdidos, podemos resurgir de nuevo. Luego pasa, respiras de nuevo, asimilas la belleza -esa que antes te cegaba y que luego se volvió invisible de tan evidente y cotidiana-, todo gira a su alrededor y fluye con naturalidad.


Estar sin. A veces se piensa. Sin. Sin tantas cosas. Para vivir se necesita nada: justo eso. La vida sigue. Las cosas surgen, acaban, se transforman, se deshacen, se mejoran, se pierden. Hoy te encuentras mal, mañana te sientes atrapado, ahora estás bien de nuevo, estás aliviado, te sientes feliz. Pero la vida sigue siempre como base y razón de todo.


Aún no he aprendido mucho acerca del amor. Es cierto. Y es que tampoco he aprendido mucho acerca de mí misma. Aunque, pensándolo bien, puede ser que el amor sea así. Justo así.